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Por: Lisa Barba
Fotos: Bernardo Baldus

Mi madre tenía un póster de una de las islas griegas en la que se podía ver a un hombre mayor junto a su burro y en el fondo una casa sencilla del blanco más puro sobre un mar y cielo de un azul intenso.  Su sueño siempre fue ir a las islas griegas por lo que aprovechamos mientras viajábamos por Turquía para tomar los grandes buques y barcos rápidos que conectan a Turquía con las islas.  (Recomiendo tomar los botes rápidos, ya que uno ahorra bastante tiempo.  Son un poco más costosos, pero en relación tiempo versus costo son la mejor opción.  Se puede comprar los pases en línea y comparar precios entre las distintas compañías que prestan estos servicios).

Primero arribamos a Santorini, el puerto queda en la parte baja de una pared de roca escarpada que sorprende al que por vez primera se adentra en este pueblo mágico.  Un bus lleva a los pasajeros a la parte central de Santorini.  Recorrer sus calles y perderse en sus angostos y estrechos pasillos es un placer, uno se adentra en un laberinto blanco y nunca sabe con qué se va a encontrar.  Es uno de esos lugares en los que los mapas son un estorbo y un impedimento del disfrute que se obtiene al dejarse llevar sin rumbo específico alguno.  El azul de las cúpulas y del mar de las piscinas contrastado con el blanco más puro de las irregulares construcciones es encantador y cautiva a los visitantes.  Todo en Santorini es de dimensiones pequeñas por el espacio limitado de la isla, incluso las iglesias, pero vale la pena visitarlas ya que son muy acogedoras y la iconografía y decoración copta es muy diferente.

Tanto En Mykonos como en Santorini rentamos un carro para recorre los distintos rincones y playas de la isla, vale la pena hacerlo ya que se tiene otra perspectiva de las islas.  La playas organizadas, así es como las denominan, tienen todos los servicios pero es costoso el quedarse en ellas y muchas no tienen arena sino están cubiertas por piedras pequeñas, por lo que usar zapatos es imperativo.

Mykonos con sus icónicos molinos de viento es el lugar de fiesta y recreación de la élite europea, por lo que tiene otro ambiente.  Las boutiques y tiendas son de marcas reconocidas y muy costosas.  Mykonos tiene un muelle muy lindo en el que uno puede comer frente al mar y disfrutar del sonido, la brisa y los colores acquas, verdes y turquesas del Mediterráneo.  Mykonos se prende por la noche y la vista desde las partes altas es fantástico.

Estas son dos de las islas más visitadas por lo cruceros y turistas, por su encanto inherente, pero hay que tomar en cuenta que la gran mayoría de islas tienen su propio encanto.  Recomiendo quedarse a dormir en las islas para conocerlas a profundidad ya que en un crucero uno apenas llega a saborear un bocado de la intensidad de las islas.   

Lee en línea nuestra 29va edición

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