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Por: Karina Bucheli y Juan Fernando Moncayo

¿Por qué celebrar una luna de miel en el país del Sol naciente? ¡¿Y por qué no?!  Ciertamente elegir al Japón como el destino para nuestra luna de miel fue algo fuera de lo común. Siendo amantes de su cultura, lo considerábamos como un sueño; sin embargo, los inigualables atractivos de este país nos ofrecieron el destino ideal para empezar nuestro matrimonio.

Nos embarcamos desde Quito en un viaje de 24 horas, con muchas expectativas por descubrir qué es lo que hace mágico al Japón. Al llegar a Tokio, obtuvimos en el aeropuerto de Narita las herramientas más útiles para nosotros como turistas: el Japan Rail Pass, un pase que nos permitía trasladarnos en la mayoría de trenes por todo Japón durante siete días, y un dispositivo wifi móvil con internet ilimitado. Armados y equipados, empezamos la aventura tomando un tren express que nos llevó a la estación de Shinjuku, la misma que ve pasar a unos 4 millones de personas cada día y hace de ella la más transitada del mundo.

Al día siguiente iniciamos nuestro itinerario recorriendo el barrio de Shibuya y el santuario Meiji Jingū, donde disfrutamos de los inmensos torii de madera y lanzamos algunas monedas en la caja de ofrendas del santuario. Entonces nos trasladamos hacia el centro de Tokio para contemplar el Palacio Imperial aunque sea desde lejos; admiramos sus murallas de piedra y el puente Nijubashi que da acceso al palacio. Para terminar el día, recorrimos también el barrio de Akihabara, ideal para aficionados a la electrónica, tecnología, manga y anime.

El tercer día visitamos la ciudad de Nikko. Tuvimos solamente medio día para recorrerla; sin embargo, fue suficiente para ver el puente Shinkyo, uno de los tres puentes más famosos de Japón. Después visitamos el principal atractivo de la zona: el Templo Toshogu, que nos sorprendió por su ostentación y el brillo de sus tallas de madera.

En nuestro último día en Tokio, tomamos un tren hacia Asakusa para llegar al templo Senso-Ji, el más antiguo de la capital, y atravesamos su impresionante puerta exterior Kaminarimon que con frecuencia se utiliza como símbolo del Japón. Por la noche quisimos tener un momento para relajarnos y disfrutar en pareja, así que a bordo del crucero Symphony nos deleitamos con una cena romántica y lujosa mientras veíamos el paisaje nocturno de la bahía de Tokio. ¡Definitivamente uno de los mejores momentos de nuestra luna de miel!

Al día siguiente vivimos la experiencia de viajar en el famoso tren Shinkansen o “tren bala”. Emocionados tomamos la línea Tokaido que nos llevó a una velocidad de 320 km/h hacia Kioto, conocida por su tradición y gran cantidad de templos. El más simbólico es el templo Kinkaku-ji, también conocido como “Pabellón Dorado”, cuyas paredes recubiertas con pan de oro se reflejan sobre sus aguas en un impresionante espectáculo. Terminamos nuestro día visitando los templos Sanjūsangen-dō y Kiyomizu-dera, donde disfrutamos de un atardecer soñado y el festival de luces de otoño que ocurría justamente durante nuestra visita.

El día siguiente nos trasladamos en el Shinkansen hacia Hiroshima. Empezamos el recorrido en la Cúpula de la Bomba Atómica, el edificio más cercano al epicentro de la explosión y que sobrevivió a la catástrofe. Recorrimos después el Museo Conmemorativo de la Paz, tan emotivo como impactante, merece ser visitado una vez en la vida. Degustamos también el famoso okonomiyaki, uno de los platos más apreciados y disfrutados por los japoneses. De regreso en Kioto, exploramos el santuario Fushimi Inari Taisha, reconocido por su impresionante camino de torii de color rojo repartidos por toda la colina. Experiencia imprescindible en Kioto.

Nuestra siguiente parada fue la ciudad de Nara, primera capital del país. Visitamos el templo Kōfuku-ji que contiene la segunda pagoda más alta de Japón y también el templo Tōdai-ji, quedamos totalmente impresionados por su estatua gigante del Gran Buda. Al caminar entre los templos, nos divertimos e incluso pasamos apuros al ser rodeados por algunos del más de millar de ciervos que circulan por la ciudad, que al ver que compramos galletas de arroz para alimentarlos, ¡no dudaron en morder!

La exótica oferta gastronómica japonesa era otro de los especiales atractivos en nuestra luna de miel. En la inmensidad de Tokio encontramos definitivamente lo mejor del país: ramen, takoyaki, gyōza, onigiri, teppanyaki y mucho más. Sin embargo, en las distintas ciudades que visitamos nos encontramos también con obras de arte culinarias y dulces de todo tipo que no pudimos dejar de probar: el taiyaki, el mochi o la impresionante variedad de sabores únicos de chocolates Kit Kat. ¡Auténticas delicias!

Japón nos atrapó y conmovió; el tiempo no fue suficiente para ver todo lo que este país tiene para ofrecernos. Queríamos aprovechar hasta el último momento antes de embarcarnos en el avión, subir con los bolsillos llenos y retener tantos recuerdos imborrables del país nipón como fuera posible. Aterrizamos en Quito luego de diez inolvidables días pensando solamente en cómo y cuándo volver, porque disfrutar de nuestra luna de miel en Japón fue el broche de oro perfecto para el camino que recorrimos desde nuestra primera cita.

Lee en línea nuestra 29va edición

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