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Fotos y texto : César Farías

“Sin querer queriendo” como diría el Chavo del 8, terminé visitando un destino de ensueño. Acostumbrado a soñar, a ver las aventuras desde lejos y no emprender acciones para alcanzar esas ilusiones de la vida, esta vez, con la gratísima compañía de mi madre, viajamos juntos con más ilusión que expectativas.

Centro del mundo antiguo, por su posición estratégica, esta ciudad es un paso obligado entre Europa y Asia.  Dividida por el rió Bósforo, una parte de la ciudad está en Europa y la otra en Asia.

Su riqueza cultural y económica radica en la variedad de culturas que la forjaron. Fundada por colonos griegos, fue capital del imperio Bizantino. En manos de Alejandro Magno perteneció a los macedonios. El sacro Imperio Romano, bajo el régimen de Constantino I, funda en esta ciudad, Constantinopla o ciudad de Constantino, lo que fuera la capital del Imperio Romano de Oriente hasta su caída alrededor de 1400 dc,  época en la que a pesar de que Europa se hundía en el oscurantismo, la ciudad  no dejaba de crecer en todos los sentidos. Actualmente se mantiene con un centro de negocios y cultura para el mundo.

La ahora Estambul, denominada así oficialmente desde 1930, es una ciudad apasionante que despierta todos los sentidos.

Emprendimos un viaje sin esquemas. Nos dejamos guiar por los sentidos y la pasión que se despiertan al recorrer pequeñas e innumerables  calles que parecen no terminar de ofrecer  más y más inspiración  para los ojos y el alma.

La sensación de seguridad es absoluta y mientras uno recorre la ciudad se encuentra con cientos de vendedores que por lo menos manejan tres idiomas con tal de hacer lo que mejor hacen, vender. Educados y amables, están dispuestos a regatear sus productos hasta llegar a un mutuo acuerdo que sinceramente, nos es muy favorable teniendo en cuenta el cambio del dólar y los costos a los que estamos acostumbrados en Ecuador.

Hospedarse en el lado Europeo es clave para aprovechar de manera más práctica todo lo la ciudad ofrece. Es preferible situarse en el distrito de Sultanahmet  que, aparte de ser hermoso, está a pocas cuadras de los mejores destinos como son Santa Sofía, la Mequita Azul, el Gran Bazar, el palacio del Sultan, la torre Gálata,  la catedral y su cisterna subterránea, y el mercado de las especias.

La verdad, sencillamente guiados por las ganas de caminar y experimentar, y el GPS de un Iphone 8, recorrimos Estambul día y noche, incluso teniendo tiempo para regresar a los destinos más atractivos. Uno de estos, definitivamente y por largo, fue el Gran Bazar. No solo es el más antiguo y grande el mundo, si no que es la sinopsis de una gran e magnifica cultura. 

A pesar de las innumerables horas en que paseamos en este exótico mercado, no pudimos dejar de sentir que no lo recorrimos sino en su mínima expresión. La verdad, es que personalmente prefiero sentirlo así antes que tener la sensación de que me sobró el tiempo o que el atractivo no cumplió las expectativas.

La riqueza de su cultura se puede fácilmente descifrar en los detalles que cada producto tiene. Evidentemente son una sociedad que desde sus orígenes ha acostumbrado poner calidad y detalles a todo lo que hace. Las alfombras, los tallados, la artesanía, el oro, la gastronomía, cada una reboza trabajo artesanal incomparable.

Salir de la zona de confort es el primer paso para descubrir el mundo, pero la expectativa y motivación que espero llegue gracias a este artículo son lo más importante  como el fotógrafo apasionado de la vida que pretendo ser.

 

TIPS

  • El viaje desde Europa cuesta aproximadamente lo que cuesta un pasaje Quito-Guayaquil-Quito
  • El cambio es favorable y es preferible cambiar lo justo y necesario el primer día como para poder tomar el tranvía o un taxi pues en lugares con el Gran Bazar, las cambiarias no cobran comisión.
  • Regatear a un promedio del 60 % del precio original, en TODO menos en la comida.
  • No es necesario un guía dentro de la ciudad si lo que uno desea es la experiencia de vivir la verdadera Estambul. Los horarios y esquemas matan la sensación de libertad.
  • Los hombres no pueden entrar a las mezquitas en pantalones cortos y las mujeres necesitan un pañuelo sobre la cabeza, pero afuera de las mezquitas se prestan una especie de falda para los hombres y pañuelos para las mujeres.
  • No sentirse mal de decir “no, gracias”. Los vendedores son expertos en atender al posible clientes y es muy difícil decir que no ante tan buenos tratos. Recibir té de manzana en cada tienda hace que uno se sienta obligado a comprar y es un error por el que seguro pasarán, pero no lo cometan más de una vez y espero sea con algo relativamente barato.
  • El tiempo ideal para conocer la ciudad fue de 5 días, pero se puede hacer más intensamente en 3, aunque se deja de disfrutar de los ambientes y las energías fallan necesariamente. Tener tiempo para sentarse a ver la vida pasar frente a monumentos milenarios y culturas exóticas es parte de la experiencia.
  • Las compras especialmente de ropa masculina son un requisito. Llevar lo absolutamente necesario para dos días y maletas vacías son la mejor recomendación.

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