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Nuestro viaje a Galápagos fue increíble y mucho más de lo que imaginábamos.
 Arrancamos un martes en vuelo directo de Quito a Baltra, y allá nos dieron el encuentro los guías que nos llevarían a nuestro velero en el cual recorreríamos el norte del archipiélago primero, y luego el sur, durante ocho días.
Viajar en velero es definitivamente recomendable solo para adultos. El espacio es reducido y no hay facilidades para los pequeños. Sin embargo, esto ofrece una experiencia de  aventura y contacto más cercano con la paz de la naturaleza y al aislamiento del ruido y la tecnología, sin ser incómodo en  absoluto.
Al arrancar en la noche del martes desde Baltra, nos dirigimos a Santa Cruz, y, en “panga”, un tipo de lancha inflable, llegamos al velero que nos alojaría y transportaría por una semana.
A la mañana siguiente ya estábamos en Isla Genovesa donde nos recibieron dulces focas peleteras y piqueros enmascarados que se acercaban sin temor. Los flamingos y la práctica de snorkel en la playa completaron el día.
El día tres, igualmente en Genovesa pero hacia el occidente, visitamos la bahía Darwin llena de aves fragata. Allí nuevamente nos sorprendieron las especies debajo del agua mientras realizábamos snorkel.
El día tres arribamos a Isla Santiago. Allí empezamos a conocer las iguanas marinas, y disfrutamos de bahía James, ideal para realizar snorkel.
Ese mismo día en la tarde pudimos apreciar los restos de la erupción del volcán Wolf que había sucedido días antes. Se podía sentir en los pies el cambio de temperatura en el agua debido a la lava que seguía saliendo hacia el mar por entre las rocas de la orilla. El espectáculo fue muy emocionante y fuera de lo común.
El cuarto día seguimos por el costado occidental de isla Isabela. Realizamos un paseo en panga en frente de la cueva Vicente Roca. Allí nos recibieron los cormoranes no voladores en pleno baile de cortejo.

Durante los siguientes días conocimos Tegus Cove y la Bahía de Urbina, otro sitio ideal para la práctica de snorkel. Finalmene conocimos allí a las primeras tortugas gigantes. En la tarde visitamos, luego de una corta caminata sobre terreno de origen volcánico y como un oasis en medio del desierto, una laguna rodeada de graciosos flamingos rosa.

Al día siguiente visitamos en bahía Elizabeth, parte de la misma isla, una orilla llena de manglares donde nadar junto a rayas águila y doradas, y algunos nerviosos pingüinos.

Una de las experincias más increíbles fue cuando el capitán del velero tocó la sirena para anunciarnos que un pequeño grupo de curiosas orcas estaba nadando junto a nosotros. Pudimos disfrutar de ellas por algunos minutos. Es realmente bello tener la oportunidad de admirarlas en estado natural.

El último día, ya en Santa Cruz, escalamos la Sierra Negra para admirar desde arriba su cráter. Al descender es un paso obligado el entrar al santuario de tortugas gigantes donde recolectan huevos, los cuidan y mantienen a las crías hasta que tienen la edad indicada para regresar a su hábitat y sobrevivir para mantener y aumentar su población.

Galápagos es sin duda un paraíso que afortunadamente aún mantiene gran parte de su territorio no alterado por la mano del hombre. Sin duda vale la pena visitar las islas, acercarse a las increíbles especies animales que allí viven y que no han desarrollado miedo alguno al humano.
Caminar entre fragatas, piqueros, flamingos, focas, leones marinos, iguanas, serpientes, tortugas, gaviotas, halcones… todo en su estado natural y en un hábitat único en el mundo es una experiencia recomendable para todos.

Lee en línea nuestra 29va edición

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