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© Frank Sánchez

Llevaba años soñando con volver a Rusia. Mi último viaje fue en 1991. Visité Moscú y Leningrado, hoy San Petersburgo. Fue en invierno y el frío era infernal. Entonces los edificios eran grises y los monumentos emblemáticos carecían de iluminación alguna, y se desdibujaban cuando caía la noche.

La ciudad me recibió con una aguacero torrencial. El aeropuerto de Sheremetevo estaba cubierto de nubes y los relámpagos anunciaban una noche larga. Así fue, pero el día 3 de agosto el sol salió para darme la bienvenida. La Plaza Roja de Moscú lucía sus mejores galas. Me sorprendió la limpieza absoluta (y no exagero) de sus calles, la belleza de sus milenarios edificios, y la decoración de los sitios más visitados. Las flores abundan y parques y avenidas se pavonean con sus interminables colores.

La ausencia masiva de turistas durante esta época del año me llamó poderosamente la atención. Pero el sábado parece que has llegado a cualquier otra capital turística. La cola para visitar la tumba de Lenin era interminable y llegaba hasta los Jardines de Alejandro. El tiempo de espera era de más de dos horas y el sol comenzaba a quemar con fuerza, algo bastante inusual para una ciudad que en invierno puede alcanzar los 20º bajo cero.

Cualquier paseo por Moscú debe empezar por la Plaza Roja. Es el corazón de esta gran urbe de más de doce millones de habitantes, y unos tres de visitante temporales.

El Kremlin, fortaleza amurallada que ha resistido durante siglos los ataques de mongoles y polaco-lituanos, es la sede del gobierno ruso y sitio de visita obligada. Esta impresionante joya arquitectónica se puede apreciar desde varios puntos de la ciudad, de día y de noche.

La Catedral de San Basilio, Patrimonio de la Humanidad, y ubicada en la parte sur de la Plaza Roja, es uno de los templos ortodoxos más importantes de Rusia. Obra encargada por el zar Iván el Terrible, se yergue con sus coloridas cúpulas, que ya hoy devienen marca indeleble de la capital rusa.

En un costado de la plaza emerge el GUM, una tienda por departamentos de proporciones colosales. Marcas occidentales y productos nacionales se exhiben en sus interminables galerías. Si bien los precios en estos sitios suelen ser un poco altos, recomiendo comprar aquí productos como caviar y vodka.

No lejos de la Plaza Roja está Ojotni Riad, un centro comercial con mucho ambiente y opciones para todos los gustos. Ropa, zapatos, regalos, y una rica variedad de restaurantes donde picar algo típico. Destacan la limpieza y la excelente iluminación de sus locales. Aquí los precios son mucho más asequibles que en el GUM. Dentro de la Plaza Manézhnaya siempre se organizan actividades diversas. Llama l atención la decoración de verano, con esculturas coloridas y temas culinarios.

Para los amantes del buen arte ruso, es obligatorio visitar el Teatro Bolshoi, la joya de cultura rusa de todos los tiempos que se encuentra en Plaza del Teatro. Para entrar a ver un espectáculo hay que reservar con dos o tres meses de anticipación. Si no te alcanza el tiempo para ello, puedes hacer una visita guiada de una hora que cuesta $ 20. La moneda oficial en Rusia es el rublo, aquí puedes pagar en efectivo o con tarjeta. Es mejor cambiar en sitios oficiales dentro de la ciudad y no en aeropuertos, porque las comisiones son altas y recibes mucho menos efectivo por tus dólares.

Al lado del Teatro Bolshoi en encuentra el emblemático TSUM, el segundo centro comercial más grande e importante de Moscú. Aquí encontrarás las firmas de los diseñadores rusos de renombre y también grandes marcas de la moda universal. También dispone de servicio de cafetería y restaurante. Todo concebido con un gran gusto por los detalles.

Si alguna vez has leído El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov, entonces te sugiero que vayas a los Estanques del Patriarca. Dentro del parque hay un estanque rodeado por edificios de la época estalinista, escenarios de la novela del insigne escritor y dramaturgo ruso. No lejos de allí está la casa museo, que guarda muchas de sus pertenencias. Aunque la casa no se encuentra en muy buen estado, la visita te ayudará a conocer más sobre la vida de este gran autor.

Como la literatura y la pintura casi marchan de la mano, no dejes de visitar la Galería Tretiakov, la mejor muestra de las bellas artes rusas. La galería alberga obras de pintores como Andréi Rubliov, Iván Aivazovski, Iliá Repin y Marc Chagall entre otros. El barrio donde está ubicada la galería es muy bohemio y dispone de un amplio número de cafés y bares donde descansar después de ver la muestra pictórica.

Moscú es una ciudad de amplios espacios y grandes parques. Uno de los más conocidos es el Parque Gorki, un amplio centro recreacional donde pasar una agradable tarde de verano al lado de sus fuentes.

Y si amplios son sus parques y extensas sus avenidas, interminables son los kilómetros de líneas férreas que componen el Metro de Moscú. Muchos hablan de la belleza arquitectónica de sus estaciones. Y no dejan de tener razón. Son verdaderos museos subterráneos que te llevarán a distintas épocas. Pasearse por la estación Kievskaya es como volver en el tiempo de la Unión Soviética. Pero las opciones son infinitas: Plaza de la Revolución, Mayakovskaya, Komsomolskaya, Arbatskaya. Y la lista sigue creciendo, porque Moscú es una ciudad que no duerme. Nuevas urbanizaciones emergen con fuerza y ya cuentan con sus propias líneas de metro.

Uno de los sitios que más me impresionó fue el Centro Internacional de Negocios de Moscú, un proyecto ambicioso que no tiene nada que envidiar a los grandes rascacielos de Nueva York o Hong Kong. Oficinas, grandes tiendas, edificios de viviendas y centros de recreación, componen este ambicioso complejo arquitectónico de la Rusia moderna.

La comida rusa es muy rica y cuenta con el aporte de otras cocinas de las otroras repúblicas soviéticas. Entre los platos que no debes dejar de probar está el Borsch, una sopa que aconsejo tomar caliente, con un poco de smetana (crema agria). Se elabora con remolacha, col, especias y alguna carne. Los Pelmeni son tal vez los mejores embajadores de la cocina rusa. Se elaboran con carne de cordero, de cerdo o res. Una vez más, los sugiero calientes y agregar siempre smetana. Pan negro, caviar rojo o negro, okroshka (sopa fría de vegetales). La lista es muy larga y la mejor forma de conocer más es yendo a Rusia.

Antes de irte, no olvides llevarte una botella de Beluga, la mejor vodka que se fabrica hoy día en Rusia. Y si te queda espacio, una barra de pan negro y algo de caviar. Te acordarás de Rusia cada vez que tus papilas gustativas se despierten por el ácido y el sabor intenso de las huevas de esturión. No sé de quién es esta frase, pero la suscribo con conocimiento de causa: «No es posible entender a Rusia, hay que amarla».

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