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Por: Adriana Hidalgo

Elegir un destino para nuestra luna de miel no fue fácil. Ninguna de las decisiones alrededor de una boda lo son; sin embargo, esta fue una de las cosas que más nos emocionaba. Fijamos un presupuesto y empezamos a buscar destinos. Queríamos tener aventuras y conocer varios lugares, pero también queríamos descansar y relajarnos. Fue por eso que viajar por el Mediterráneo en un crucero sonaba perfecto.

Decidimos posponer la luna de miel un par de meses y viajar en octubre, que tenía mejores costos al ser temporada baja. La compañía americana de cruceros Carnival tenía al más grande y moderno barco de su flota, El Carnival Vista, inaugurado en mayo del 2016, navegando por estos lugares. El itinerario que elegimos de 11 días cubría 9 puertos: Atenas, Rodas, Malta, Messina, Nápoles, Civitaveccia/Roma, Livorno, Marsella, y Barcelona.

Además de que el itinerario incluía los países que queríamos conocer, tomar un crucero fue la mejor decisión. Primero, casi todo está incluido en el precio. Todas las comidas, desayunos y almuerzos bufete o a la carta, con opciones diferentes cada día. Para la cena, menú de tres tiempos con especialidades, como en los mejores restaurantes. Además de la pizza y helados disponibles 24 horas al día.

Segundo, nunca se terminaban las actividades. Después de la cena teníamos que elegir entre espectáculos, cine bajo las estrellas con vista al mar, club de comedia, unos cocteles en uno de los bares temáticos o ir de fiesta. En las tardes, después de visitar los puertos, relajarnos en uno de los jacuzzis mientras echábamos el último vistazo a la ciudad o ver el atardecer desde una de las piscinas. Siempre había algo que hacer, participar en una trivia, una clase de baile, ir al casino, catar cerveza artesanal o disfrutar de muchos postres a la hora del té.

Y de los puertos, cada uno de ellos es una historia. Atenas fue nuestro punto de partida. Tuvimos solamente medio día para visitarlo, pero el tiempo fue suficiente para visitar EL ACROPOLIS, espectaculares estructuras de mármol que denotan la magnitud e importancia de la civilización griega en la historia. Nuestro segundo puerto, también de Grecia, fue Rodas. Rentamos un auto por el día y manejamos por la isla. Además de las playas con agua cristalina, la isla está congelada en la época medieval, todavía amurallada escondiendo castillos y templos antiguos. Al igual que nuestro tercer puerto, Valeta, capital de Malta, donde todavía se anuncia el medio día con el disparo de un cañón.

Después de las islas, llegamos a Italia. El primer puerto fue una tranquila ciudad de Sicilia, Messina, un puerto para disfrutar de las cosas sencillas, una caminata, visitar iglesias o comer un gelato. Un día después ya estábamos en Nápoles, situado cerca de la Costa de Almafi. Tomamos un bus por esta ruta, por unos 40 minutos, hasta una pequeña granja familiar, donde se cultivan olivas, uvas, limones y tomates y se producen quesos y vinos. Pudimos ver y degustar sus productos, fue uno de los mejores momentos de nuestra luna de miel. De regreso al puerto de Nápoles, visitamos Pompeya, una gigantesca ciudad calcinada a los pies del volcán Vesubio. Al día siguiente visitamos Roma, su Coliseo, la Fontana di Trevi y la Catedral de San Pedro en El Vaticano. El último puerto en Italia fue Livorno, desde donde tomamos un taxi compartido con otras 3 parejas, y fuimos a Florencia, la ciudad museo en el corazón de la Toscana, llena de arte, colores y romanticismo. Tuvimos medio día para recorrerla y, aunque muchas cosas quedaron por visitar, fue uno de los lugares que más nos impresiono. De regreso al puerto pasamos por Pisa y su torre inclinada. Terminamos el recorrido por Marsella, Francia, un puerto con iglesias monumentales, perfecta para disfrutar de un café y un croissant con vista al puerto de veleros. Desembarcamos el crucero en Barcelona, la ciudad de Gaudí.

Teníamos nada más que dos meses de casados, pero ya estábamos llenos de recuerdos, que nos han acercado más. Esta fue la manera perfecta de empezar nuestro matrimonio, porque a pesar de caminar a diario varios kilómetros, al llegar a nuestro crucero, podíamos descansar como reyes. La atención de cada una de las personas a bordo nos hacía sentir en casa y sin preocupaciones. Conocimos muchos destinos que alguna vez considerábamos solo sueños, pero lo mejor de todo fue empezar nuestra nueva vida juntos cumpliéndolos.

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