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Por: Adriana Hidalgo

Entre el mar azul y una montaña con forma de mesa, se asienta un Ciudad del Cabo, capital judicial de Sudáfrica, ciudad megadiversa… Lo que empezó como un puerto de abastecimiento para los barcos exploradores es hoy la ciudad más visitada de África y una de las ciudades más interesantes del mundo.

Ver el paisaje al llegar a esta ciudad es algo indescriptible. Una ciudad moderna asentada entre la colorida naturaleza del África. Empezamos nuestro recorrido por el muelle de la ciudad, donde encontramos un gran centro comercial, el V&A Waterfront, con tiendas de marcas nacionales e internacionales, restaurantes temáticos, mercados de comida, su acuario, museos, una rueda moscovita, fábricas de cerveza artesanal y música en vivo a lo largo del muelle. Este centro de entretenimiento nos permite apreciar la influencia inglesa y holandesa en cada una de sus construcciones. Además, es el lugar perfecto para ver por qué Ciudad del Cabo es considerada el centro artístico del continente. El camino de ingreso al muelle lo decora el Estadio de Cape Town, símbolo de la ciudad desde el mundial del 2010.

Desde el muelle tomamos un barco que nos lleva a Roben Island, la isla, donde se encuentra la prisión política en la que Nelson Mandela cumplió sus 27 años de sentencia. Los tours a la prisión son guiados por ex presidiarios, la visita es emotiva y escalofriante a la vez. En la celda Mandela hay una vela, siempre encendida, que representa “el triunfo del espíritu humano”. Una vez terminada la visita a la cárcel, un bus recorre toda la isla y hace una parada justo frente a Cape Town, un panorama que nos quitó el aliento.

A unos minutos del centro de la ciudad está una de las 7 maravillas naturales del mundo: la montaña de la mesa. Se puede llegar a la cima escalando, caminando o tomando el teleférico giratorio que permite a todos sus ocupantes ver la ciudad mientras se llega a la cima. Arriba, además de la vista del mar y la ciudad, se ven algunas especies de pequeños animales y flora única en el mundo.

La oferta gastronómica en la ciudad fue lo que más nos sorprendió, cada restaurante decorado con un estilo propio y la variedad parece infinita. Toda la comida es deliciosa, hecha con ingredientes locales frescos, desde los mercados de comida donde se encuentran ostras recién sacadas del mar, pizza hecha en hornos de leña y carne seca “biltong” su snack favorito, hasta en los restaurantes premiados, franceses, holandeses, platos locales, hindúes, etc.

Cape Town es, además, la puerta a varios de los lugares más impresionantes del sudeste del país. A una hora y media se encuentra Franschhoek, un pequeño pueblo con 3314 granjas de vino. Los viñedos decoran el camino por el que un tren transporta personas hacia las diferentes granjas para hacer catas. Sudáfrica es uno de los principales productores de vino a nivel mundial, y la competencia entre granjas hace que, no solamente la calidad de su vino sea espectacular, pero que el servicio y la experiencia de la cata sean diferentes de un sitio a otro. El hospedaje en este pueblo es de cuento de hadas, pequeñas casas entre sembríos de lavanda, viñedos y olivos. Se pueden hacer catas de aceites de oliva, vinagre balsámico, vino espumante, cerveza y chocolate. Es una experiencia única.

Desde Franschhoek decidimos manejar hacia Cape Town por la península. Empezamos en Gainsbaai, desde donde tomamos un tour para observar el “gran tiburón blanco” dentro de una jaula, inmersos en un mar helado. Fue una experiencia interesante, a pesar de que no tuvimos suerte para verlo esta vez. Un poco más al sur se encuentra Hermanus, el sitio donde las ballenas van a dar a luz a sus crías de julio a noviembre, y se las puede ver nadando desde la orilla. Un poco más al sur de la península está Muizenberg Beach, una playa espectacular de arena blanca y agua azul perfecta para el surf, con coloridos cambiadores al estilo de los 90s. Ya que en este punto se unen el océano Indico con el Atlántico, el agua es ligeramente más caliente, por lo que es uno de los sitios favoritos de los locales para sus vacaciones. Seguimos el camino hasta Boulders Beach, donde vive una comunidad grande de pingüinos.

Nuestra siguiente parada fue el Cabo de la Buena Esperanza, nombrado así por Vasco Da Gama al darse cuenta de su posición estratégica con respecto a la India, y el sitio desde donde empiezan a colonizar lo que es ahora Cape Town, se puede ver este faro histórico, además que es una reserva natural donde hay varios animales de las praderas.

Desde este punto, manejamos por Chapmans Peak. Los paisajes son únicos y aun describirlos no parece suficiente. Las playas de arena blanca, el mar azul con enormes olas, las casas modernas y antiguas parecen haber sido perfectamente colocadas en el acantilado para obtener el cuadro soñado. Tuvimos que hacer varias paradas a lo largo del camino para ver cada uno de sus detalles. Terminamos el día en Fish Hoek, para comer calamares, pescado y langostinos recién sacados del mar.

Cape Town nos permitió ver una cara de África que nos podría resultar desconocida y, a pesar de estar más de una semana ahí, el tiempo no fue suficiente para alcanzar a ver todo lo que este lugar tiene para ofrecer. Sin embargo, nos llevamos el mejor recuerdo de su amable gente, su deliciosa comida y la magia única que tiene.

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