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Antártica
El continente blanco

Fotografía y texto: Tomas Ehrenfeld

Siempre tuve el sueño visitar todos los continentes del mundo. Y me faltaba llegar a Antártica. Me imaginaba que este sería totalmente diferente a otros lugares que había visitado anteriormente y efectivamente así lo fue.

El viaje de Ushuaia (Argentina) a la Península Antártica fue extremadamente movido porque hay que cruzar el temido paso Drake, la peor área de todos los océanos por sus corrientes y vientos. Esto duró dos días, los cuales prefiero olvidar, pero una vez que surcábamos entre las islas del continente blanco todo se calmó y tuvimos un cielo azul esplendoroso. La nave en que viajamos era de tripulación rusa pero de la empresa Quark Expeditions con base en USA.

Sus altas montañas, cubiertas de hielo y nieve y su silencio solo interrumpido por los graznidos de los pingüinos asevera lo vasto que es su territorio. Aunque parece desértico, tiene una gran variedad de seres que lo habitan: pingüinos, pájaros, lobos marinos y ballenas y unos pocos seres humanos que pasan temporadas en las estaciones terrenas de varios países en varias islas y turistas que llegan en el verano austral. Varios barcos surcan sus aguas con visitantes curiosos y con ganas de experimentar este inhóspito territorio.

Pero también se ve su eterno movimiento, grandes pedazos de hielo se rompen de sus glaciares y flotan lentamente mientras el sol los calienta y se deshacen. Toman toda clase de formas y colores azul y blanco. Aludes caen con frecuencia de sus montañas.

Sus gélidas aguas albergan una gran fauna marina, y algún que otro turista loco que se lanza al agua para probarla (el polar plunge) como lo hice yo.

Mientras surcamos las aguas entre islas y el continente, cruzamos canales naturales, donde se despliegan paisajes maravillosos y formas de icebergs nunca antes vistas.

Esto cambia todo el tiempo y de acuerdo a su clima salvaje. En invierno las temperaturas pueden llegar a -890 C.

Los días largos de verano, donde a veces no se pone el sol o lo hace por unas pocas horas, permite ver atardeceres largos y el hielo juega entre el sol y sombra con tonos blancos y azules.

Visitamos bases de Argentina, Chile, Reino Unido y Rusia. Allí los científicos estudian el efecto del cambio climático, cómo afecta el deshielo de los glaciares y los ciclos de los animales, especialmente pingüinos.

Pudimos visitar la base inglesa de Port Lockroy donde queda una oficina de correos que data de hace muchos años, para enviar postales a la familia y comprar algún souvenir. Allí también hay un museo de cómo vivían los expedicionarios que se atrevían a llegar a estos inhóspitos territorios. Funciona también una base científica.

Fue unos de los viajes más especiales y maravillosos que hemos hecho. Al final llegamos a la isla Rey Jorge donde está una base rusa, en la cual existe la Iglesia Rusa Ortodoxa La Trinidad, y comparte la isla con una base chilena Frei donde existe una pista de aterrizaje. Fue allí de donde partimos hacia Punta Arenas, Chile, teminando esta hermosa aventura.

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