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Fotografia y texto: César Farías

Sebastián Revelli y Valentina Alvarez, manabitas de cepa, continúan la tradición familiar de atender a quien se cruza en el camino, después de que los padres de Sebastián iniciaran el Cocosolo para atender a los extranjeros que llegaban a esta maravillosa playa manabita, cuando la entrada se hacía en avioneta hasta San Vicente y luego se llegaba por la playa por falta de un camino que comunique estas prodigiosas tierras con el mundo exterior.

Originalmente la Hacienda el Cañaveral tenía 600 hectáreas que el abuelo de Sebastián compró hacia 1930 y que con el tiempo y las herencias fue mermándose hasta que ahora, en una hectárea, reciben a huéspedes, en su mayoría quiteños, que buscan una experiencia familiar y relajada, en un paraíso alejado de todo desarrollo aunque día a día la civilización se acerca a sus puertas.

Cojimíes, población norteña de la provincia de Manabí, recibe la influencia de la comida esmeraldeña. Valentina, aficionada cocinera familiar, ha logrado que su cocina y buena atención sean reconocidos en toda la zona y quien llega a estas tierras tiene que parar y deleitar el paladar con los más deliciosos y variados platos manabitas.
Es difícil no ser redundante cuando se menciona la exquisiteces que esta habilidosa mujer prepara.

Las circunstancias bajo las cuales este pequeño hotel ha tenido que batallar son muy variadas y todo ha sido hecho de palito en palito, desde Fenómenos del Niño hasta el terremoto que destruyó la mayor parte de Cojimíes y Pedernales. Hoy por hoy, les es muy difícil competir contra construcciones e inversiones externas, conceptos de comodidad y confort contra los que Cocosolo no puede competir por falta de financiamiento y asesoría. Es esta razón por la cual, el sencillo hotel y sus entregados propietarios destacan por la gastronomía y el trato familiar.

En la catástrofe del terremoto perdieron amigos y conocidos, pero el hotel no fue afectado gracias a que, por ser una construcción antigua, está hecha de madera prácticamente en su totalidad. Al otro día, como buenos manabitas, estaban trabajando, junto con voluntarios de todo el Ecuador, alimentando a todos quienes acudían a pedir Socorro, cuentan Valentina y Sebastián, con tanta pena como orgullo de haber sido parte de este hito histórico en el Ecuador.

A su gran y amistosa atención se suma la característica que hoy por hoy atrae a la mayoría de sus asiduos huéspedes: ser un hotel “pet friendly”. Originalmente amantes de los animales, dueños de 5 perritos que pasean por todo el hotel, decidieron abrir las puertas de su negocio a las familias que disfrutan de tener a TODA la familia completa y que han encontrado, en este hotel, el lugar que está dispuesto a recibirlos y cuidar de sus hijos de cuatro patas.

Personalmente, puedo decir que mi estadía de ocho días en Cocosolo fue la experiencia más hermosa y que junto a mis hijas, amantes de todo animal, viví las 24 horas del día viendo cómo ellas y sus amados canes disfrutaban de este paraíso. El costo de estadía y alimentación es moderado pero definitivamente la experiencia no tiene un valor monetario.

Cocosolo es el hogar de esta familia y su sueño es tan sencillo como “crecer lo necesario para poder atender a sus clientes en una mejora casa y que sus amigos se sientan más a gusto”. Una cocina más funcional y una piscina para perros son el sueño de Valentina mientras Sebastián piensa más en la infraestructura y servicios.

A solo 4 horas y media de Quito, el viaje fue muy tranquilo y el tráfico escueto. No encuentro una razón para no volver lo antes posible.

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