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Visitar Marruecos significa imbuirse en una exploración de los cinco sentidos. En los centros de las ciudades antiguas uno se ve rodeado de gente, burros, motonetas, especias, mandarinas, olores y sonidos. Mientras que en los pueblos más alejados y en el desierto, los paisajes, las montañas, los oasis y las palmeras inundan el espíritu. Nuestro viaje comenzó en el puerto de Tánger, en donde tomamos un carro de alquiler para empezar una gran aventura. La primera parada fue en el pueblo azul de Chefchouaen. Con sus encantadoras calles angostas, transitadas por personas de la localidad, turistas y burros.

Allí, el azul añil de las paredes de viejas construcciones contrasta con el azul del cielo.

Fotos y texto:  Lisa y Bernardo Baldus

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Luego visitamos la antigua ciudad de Fez, en donde vale la pena contratar un guía para apreciar la antigua arquitectura y la milenaria habilidad de sus artesanos; sin un guía es muy fácil perderse entre los laberínticos callejones de Fez. Una parada en la curtiembre de cuero es muy recomendada. Después de Fez continuamos nuestro viaje hacia el desierto del Sahara. Luego de nueve horas de atravesar por montañas cubiertas de nieve, bosques, oasis de palmeras y un desierto pedregoso, llegamos al pequeño pueblo de Merzouga. Por la mañana, finalmente, pudimos apreciar uno de los paisajes más deslumbrantes del planeta. No hay fotografía o descripción que le haga justicia al paisaje del desierto. En el desierto es recomendable quedarse dos noches, y una de ellas en un campamento, al cual se accede después de un entretenido viaje en camello.

Después de la experiencia en el desierto seguimos camino hacia la ciudad de Ouarzazate, que tiene una de las cazabas  más antiguas, además de dos estudios de cine que vale la pena conocer. Terminamos nuestro viaje en la legendaria ciudad de Marrakech, con su famosa plaza Jemaa-el Fna, una plaza que experimenta la más deslumbrante transformación en uno de los mercados de comida más grande del mundo. Marrakech tiene mucho que ofrecer y uno debe tomarse el tiempo de recorrer su calles. Tanto en la parte antigua como en la moderna.

Consejos:

  • Manejar automóvil en Marruecos, al contrario de lo que se cree, es muy seguro y las personas respetan las leyes de tránsito en carretera. Una vez que entras a las medinas de las ciudades grandes, conducir sí puede ser caótico. Hay muchos controles de policía en carretera abierta.
  • Marruecos es sumamente seguro y la gente es muy amable y siempre está dispuesta a ayudar.
  • Es mejor hospedarse en Riads (casas convertidas en hoteles), en vez de en hoteles, pues las tarifas son mejores y son lugares más pequeños y personalizados.
  • A través de Expedia se pueden hacer todas las reservaciones necesarias.
  • El mes de diciembre es ideal para visitar Marruecos debido a las templadas temperaturas, especialmente en el desierto.
  • El idioma no es una barrera, todas las personas asociadas al turismo hablan múltiples idiomas.
  • En muy pocos lugares aceptan dólares. Es mejor llevar euros.
  • Las artesanías son realmente espectaculares, pero uno debe estar preparado para regatear en todo momento.

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