Desde el avión se ve a lo lejos solo desierto y una costa con playas de arena blanca y agua cristalina.
Al salir del aeropuerto nos quedamos con la boca abierta ante tanto edificio espectacular, uno tras otro, y ver el Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo con sus 829.8 m, es una experiencia única. Desde allí se ve todo Dubai, edificios emblemáticos como el Burj Al Arab, el archipiélago artificial residencial Palm Jumeirah y la constelación de islas artificiales que conforman un mapa mundi casi perfecto. Es impresionante.
Los emiratos son el país de lo superlativo y los shopping malls son parte de esa magnitud. The Mall of the Emirates con su pista de ski con pingüinos vivos incluidos, el Dubai Mall que está a los pies del Burj Khalifa es el más grande del mundo y uno necesitaría días para ver todas las tiendas que tiene, pero lo mejor de todo es el show de luces y música que cada día a partir de las 18h00 reúne a muchos turistas y visitantes en sus afueras. Es algo que uno tiene que vivir para sentir la emoción al ver y oír la danza del agua al son de las diferentes piezas musicales entre clásicas y modernas.
Frente al Souq, cruzando el creek que pasa por medio de Dubai (que en antaño era un puerto de pescadores y buscadores de perlas y del cual ya no queda mucho vestigio), en pequeñas embarcaciones que hacen las veces de taxi, continúa otro Souq impresionante, el Souq de Oro más grande del mundo.
Nuestro viaje continuó en Abu Dhabi, al llegar lo primero que nos llama la atención es la vegetación. Por donde uno mire hay césped, palmeras y flores perfectamente cuidadas. Lo más impresionante es pasar muy cerca a la mezquita Bin Zayed, la cual fue un regalo del Emir Bin Zayed a su amado pueblo. Es impresionante, blanca y perfecta y entrar en ella es como entrar en un cuento de hadas. Es perfectamente blanca, sus cúpulas impresionantes, sus columnas adornadas con flores hechas de piedras semipreciosas y en su interior con lámparas gigantescas hechas con vidrios Swarovski y la alfombra hecha a mano más grande del mundo.
Y por supuesto está el desierto con sus dunas hermosas, altas, bajas, blancas, marrones, rojas. El paisaje original de este país nos impresionó al igual que lo hizo la modernidad de la ciudad, estar en esas dunas es algo que uno debe vivirlo para darse cuenta de la maravilla que es ser parte de algo tan hermoso.
Disfrutamos mucho de nuestro viaje a Los Emiratos Árabes Unidos y volveremos algún día…… ¡Inshallah!