¿Qué hacer entonces?
Primero es importante entender qué es el caos. El caos, de acuerdo a la kabbalah, es ausencia de visión, una especie de ceguera espiritual ocasionada por nuestros patrones de pensamiento y hábitos emocionales que no nos permiten ver la oportunidad que tenemos delante. El problema radica en que no queremos cambiar esos patrones y hábitos puesto que nos resultan conocidos y creemos erróneamente que son parte nuestra.
La kabbalah explica que muchos de los patrones de pensamiento y hábitos emocionales que ocasionan esta ausencia de visión o ceguera espiritual que genera caos vienen de nuestro árbol genealógico, de generación en generación; es decir que pertenecen a nuestros ancestros pero no a nosotros. Al reconocer estos patrones, aceptarlos y honrarlos podemos liberarnos de ellos.
¿Cómo nos liberamos de ellos?, ejerciendo nuestra voluntad para cambiar, eligiendo mejor, sabiendo que no estoy obligado a ser como fueron mis ancestros. Los honro, los respeto, pero me libero al mismo tiempo.
Este ejercicio consciente produce profundos cambios espirituales que traen bienestar e iluminan nuestras vidas
Pero, ¿qué ocurre con la confusión? La confusión, explican los kabbalistas, proviene de dos fuentes esenciales: la mentira y la necedad. Cuando mentimos nuestra mente no reconoce entre un hecho y una mentira y creamos confusión; de la misma manera cuando la vida me está mostrando un nuevo camino, una opción diferente a la que deseo y nosotros nos empeñamos en seguir en la que queremos tener, esto ocasiona tensión entre dos fuerzas: la del universo y la del capricho de mi ego.
En conclusión, si queremos salir del caos, cambiemos, dejemos ir nuestros patrones de pensamiento y hábitos emocionales; si queremos salir de la confusión, dejemos de mentir y de mentirnos y seamos humildes para aceptar la guía de la sabiduría de la vida que seguramente nos está mostrando el mejor camino a seguir.
Patricia Jurado U.
Directora de Fundación Kabbalah Ecuador
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